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viernes, 15 de abril de 2011

Importante revista católica destaca testamento espiritual de ministro asesinado en Pakistán

Importante revista católica destaca testamento espiritual de ministro asesinado en Pakistán


ROMA, 14 Abr. 11 (ACI).- La revista La Civiltà Cattolica destacó el 2 de abril el testamento espiritual del exministro para las Minorías Religiosas de Pakistán, Shahbaz Bhatti, que antes de ser asesinado el 2 de marzo por los talibanes, escribió "quiero vivir para Cristo y quiero morir por Él".

"Mi nombre es Shahbaz Bhatti. Nací en una familia católica. Mi padre, maestro jubilado, y mi madre, ama de casa, me educaron según los valores cristianos y las enseñanzas de la Biblia, que influyeron en mi infancia", escribió el exministro católico, muerto por oponerse a la ley de blasfemia.

"Desde niño acostumbraba ir a la iglesia y encontrar profunda inspiración en las enseñanzas, en el sacrificio y en la crucifixión de Jesús. Fue su amor el que me indujo a ofrecer mi servicio a la Iglesia. Las espantosas condiciones en las que pusieron a los cristianos de Pakistán me perturbaron".

miércoles, 19 de enero de 2011

La gracia amarga del hermano Cortés: progresismo eclesial - Luis Fernando Pérez Bustamante

La gracia amarga del hermano Cortés: progresismo eclesial
Luis Fernando Pérez Bustamante


Empiezo por reconocer que Religión Digital se apuntó un gran tanto cuando fichó a José Luis Cortés, que se ha convertido en el viñetista de referencia de dicho portal religioso. Y en comunión plena con su línea editorial.

No estamos ante un hombre que empiece en esto del “humor". No hay más que leer el perfil que él da de sí mismo:

Nací en Málaga, y tenía 17 años cuando comenzó el Concilio Vaticano II. Mis estudios con la Congregación Salesiana me llevaron primero a Puerto Rico, luego a la República Dominicana y, finalmente, a Italia. Sin embargo, la ordenación sacerdotal la recibí como sacerdote secular, y durante unos años ejercí el ministerio en la parroquia de San Atanasio, en el barrio de Tetuán, de Madrid.

En 1981 empecé a trabajar en un gran grupo editorial, en el que desarrollé distintas responsabilidades, y con el cual también tuve ocasión de trabajar con una compañía francesa y, más tarde, durante seis años, viviendo en Italia. En este grupo me acabo de jubilar, el 17 de octubre.

Mis primeros dibujos se publicaron en la revista “Vida Nueva” en 1975, y de 1976 data mi primer libro de cómics, “¡Qué bueno que viniste!”, al que han seguido otros cuantos hasta el último, “Pablo, el de los pueblos”.

No me queda claro si Cortés abandonó el sacerdocio o si lo sigue ejerciendo. En todo caso se le conoce sobre todo por sus cómics. Y el que no le conociera, lo puede hacer ahora leyéndole en RD.

Es evidente que el “hermano Cortés” tiene talento. Sus mensajes son directos, agudos, penetrantes, explícitos, contundentes. Su problema, aunque no tengo nada claro que él lo vea como problema, es que su amargura contra la Iglesia y la fe católica sobrepasa con creces su talento. Representa a la perfección el tipo de creyente “progre” que no puede evitar sentirse incomodísimo en la Iglesia Católica. Valgan como ejemplo estas dos viñetas:




Podría poner muchos más ejemplos, pero con esos dos basta. Quien es capaz de dibujar y escribir eso demuestra que desprecia miserablemente a la Iglesia de la que se supone que forma parte. Eso sí, consigue el aplauso de los que, como él, quieren otra Iglesia. Y añado que tienen derecho a querer otra iglesia. Lo que no tiene sentido es que permanezcan en la nuestra. Es decir, en la Iglesia del Papa, de los obispos y sacerdotes en comunión con él, de la totalidad de los concilios, del Credo, del Catecismo, de los religiosos que no han traicionado su carisma, de los católicos fieles al Magisterio, etc.


martes, 4 de enero de 2011

¿Por qué tengo que ir a Misa el domingo? - P. Adrián Ledesma

¿Por qué tengo que ir a Misa el domingo?
P. Adrián Ledesma


Sentando la base de que casi siempre el comenzar a faltar a Misa el domingo responde a una actitud caprichosa, a la que es muy difícil refutar -precisamente por su falta de racionalidad- acá tenés unas consideraciones sobre el precepto dominical y la importancia de la Misa en tu vida. Está escrito para personas con fe.

1. Primariamente hay que considerar que a Misa se va, en primer término, a dar, no a recibir. Se recibe mucho, pero no se va por motivos egoístas, ni comerciales -una especie de intercambio con Dios: mi atención y dedicación de tiempo a cambio de ciertos gustos, bienes, ya sea espirituales o materiales, temporales o eternos… qué más da… es lo mismo. Este primer punto desvaloriza de raíz todos los motivos para no ir basados en una línea egoísta de pensamiento: me aburro, no siento nada, no tengo tiempo, estoy cansado, etc.

2. Porque Dios es tu Creador y debés dedicarle un tiempo semanal a Él. Es la manifestación de vivir centrado en Dios y en la salvación: vivir el año centrado en la Pascua; la semana, en el domingo; el domingo, en la Misa. No importa cuánto te aburras, tu Creador ha dispuesto que un día de la semana sea para Él: "Acuérdate da santificar el día sábado. Los seis días de la semana trabajarás y harás todas tus labores. Mas el séptimo es sábado, consagrado al Señor tu Dios" (Éxodo 20,8-10). Y parece que tiene derecho a tu obediencia. Faltar sería una desobediencia evidente y frontal (decirle a Dios "no te quiero dar mi tiempo"). Y más allá de la obediencia… Dios se lo merece.

3. Porque como miembro de la familia de Dios, debés rendir culto a Dios de acuerdo a tu naturaleza, junto a tus hermanos. Esto exige que el culto a Dios no sólo sea interior (en tu corazón) sino también exterior (que los demás vean tu fe) y comunitario (dar culto unido a tus hermanos). Es decir, que te reúnas con otros para adorar juntos a Dios. Más allá de tus gustos personales, asistís a Misa no por vos mismo (porque te guste) sino para mostrar tu reverencia al Omnipotente en comunión con los demás. Nuestra relación con Dios tiene una dimensión comunitaria. No basta rezar solo, tampoco en familia, hace falta hacerlo unidos a nuestros hermanos en la fe. En este sentido es un acto de comunión con nuestros hermanos en la fe: compartir lo más importante que tenemos: la Eucaristía, es decir, Cristo mismo. En este sentido faltar sería un desprecio de tus hermanos y una falta de unidad.


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