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viernes, 19 de agosto de 2011

El P. Bojorge analiza la teología liberacionista del P. Segundo

El P. Bojorge analiza la teología liberacionista del P. Segundo


Montevideo (Uruguay), 18 Ago. 11 (AICA).- El Centro Cultural Católico “Fe y Razón”, de Montevideo anunció la publicación del sexto título de su Colección de Libros. Se trata de la segunda edición de una importante obra del padre Horacio Bojorge SJ: “Teologías deicidas. El pensamiento de Juan Luis Segundo en su contexto”. La primera edición (Ediciones Encuentro, Madrid 2000), de 1.500 ejemplares, se agotó en 2003.

Este libro de 373 páginas es un reexamen, un informe crítico y una evaluación (desde el punto de vista de la fe católica) del pensamiento de Juan Luis Segundo, sacerdote jesuita uruguayo, uno de los más destacados exponentes de la “teología de la liberación” latinoamericana.

El libro tiene una introducción, doce capítulos, una conclusión, tres anexos y una bibliografía selectiva de y sobre Juan Luis Segundo. Los siguientes son los títulos de los doce capítulos de esta obra:

La esjatología cercenada. Vicios de argumentación lógica, teológica y escriturística. Errores acerca de la Revelación y de hermenéutica. Actitud ante el Magisterio. Recomendación y defensa del marxismo. La adoración de la historia: la “fe” neguentrópica. Intermezzo histórico. La inversión antropocéntrica: naturalismo y gnosis. El giro antropocéntrico en Juan Luis Segundo: del misterio divino al proyecto humano. ¿Es teología el pensamiento de Juan Luis Segundo? Acedia ante el pueblo creyente. Eclesiología gnóstica y elitismo. Señalaciones de heterodoxia.

El libro del padre Bojorge fue escrito por pedido del entonces Prepósito General de la Compañía de Jesús, padre Peter Hans Kolvenbach SJ, quien consideró que “sería oportuno que usted publicara su evaluación de la obra del padre Segundo, participando así en el diálogo teológico y contribuyendo a la formación de la mentalidad de los cristianos y, en particular, de los miembros de la Compañía”.

martes, 15 de marzo de 2011

La Edad del Papa Incómodo - Stefano Fontana

La Edad del Papa Incómodo
Stefano Fontana


Recojo en este libro, tres años de artículos publicados en el “loccidentale.it”, desde el 5 de junio del 2007 al 2 abril 2010, desde el secuestro del padre Giancarlo Bossi en Filipinas a las cuestiones de los padres pedófilos, pasando a través de Bush y Ratzinger, las persecuciones de los cristianos y los católicos democráticos, las parejas de hecho y los derechos humanos, la emergencia educativa y la píldora RU486, Prodi y la Caritas in Veritate, los teodem y los teocon, las contestaciones a la Sapiencia y la lista de Giuliano Ferrara, Hamas e Israel, Ratzinger en Ground Zero y en el College des Bernardins, la biopolítica y el cardenal Bagnasco, las elecciones políticas y aquellas regionales, las masacres de los cristianos y los proyectos culturales del cardenal Ruini, las ambigüedades de la ONU sobre los derechos humanos y las masacres de niños, las falsas seducciones del ecologismo y el Patio de los Gentiles, el referéndum sobre minaretes y la admisibilidad del burka, los anglicanos y los sacerdotes pedófilos. Tres años son bastante. Nos olvidamos rápidamente de las cosas. Releer puede ser útil.

Pero no es una relectura a la moda. No se concede mucho al estándar siempre difuso que quisiera el católico abierto y conocedor de todo aquello que sucede, porque el mundo es amado, de todas maneras. El mundo es amado, pero propiamente por esto también es reprobado. Hoy parece que los pecados más graves sean votar a Berlusconi, desperdiciar agua cuando nos lavamos los dientes, decir que la teoría evolucionista no explica todo, negar que el subdesarrollo sea sólo culpa de nuestros ricos, halar las orejas con sospecha cuando habla Veronesi en TV, no leer los libros de los Odifreddi y sobre todo permitirse cualquier crítica al comercio justo y solidario, el pacifismo del arco iris y a la disminución de Serge Latouche.

Nada de eso en las páginas de este libro. Yo soy un católico que escucha el Papa: Roma locuta causa finita est. Creo que el punto de partida es la fe apostólica y no la praxis de liberaciones, no creo que el mundo, en cuanto puro mundo, pueda enseñarnos tanto: dado que tiene necesidad de ser salvado no puede salvar. No me han apasionado nunca los mesianismos sin Dios y las nuevas religiones del ecologismo, del pacifismo de las marcas, del tercermundismo y de la disminución ni saber tanto de idolatrías. Quiero los pocos “principios no negociables” que, me obligan a decir sì, sì o no, no, sin titubeos y mil distinciones. Y cuando no logro entender hasta el fondo como están ciertas cosas complejas, miro que me dice la Iglesia, y me fío. De lo demás, ¿a quién podré ir?. No soy un católico adulto, siento la necesidad de ser guiado. Pienso que el Evangelio valga más que la Constitución. Pienso, sin embargo, que el Evangelio no basta; si con el slogan “el Evangelio basta” se quiere negar la enseñanza de la Iglesia, la dimensión pública de la fe cristiana, la necesidad de defender no sólo las focas sino también los niños apenas concebidos, el autoritarismo de la conciencia individual que es la principal esclavitud de nuestros días.


martes, 14 de septiembre de 2010

Teologías Deicidas: "Creemos que estamos ante un estudio definitivo sobre Juan Luis Segundo" - Francisco José Fernández de la Cigoña

Teologías Deicidas: "Creemos que estamos ante un estudio definitivo sobre Juan Luis Segundo"
Francisco José Fernández de la Cigoña


Sobre el libro de Horacio Bojorge: Teologías Deicidas. El Pensamiento de Juan Luis Segundo en su Contexto. Ediciones Encuentro, Madrid 2000, 380 págs.


Juan Luis Segundo, uno de los más conocidos “teólogos de la liberación”, fallecido en 1996, ha sido objeto de un estudio detallado, pormenorizado y crítico por otro jesuita, también uruguayo, situado en las antípodas de su pensamiento. El análisis es demoledor y tras él creo que bien se puede decir que Segundo no sólo ha muerto físicamente sino también ideológicamente. Creo que la famosa Teología de la liberación que tantas preocupaciones causó en su día está dando las últimas boqueadas. A acelerar su agonía y anticipar su muerte sin duda contribuirá este trabajo serio y profundo que no deja títere con cabeza en el tinglado segundista.

Con gran aparato crítico, no sólo del universo de Segundo sino de todo el movimiento liberacionista, vale la pena enunciar el Índice para que el lector pueda apreciar la densidad y la universalidad del volumen, ya que introducirnos en las tesis del jesuita heterodoxo o en la réplica de su hermano de Orden nos llevaría muchas más páginas que las propias de una recensión.

Comienza con una breve introducción en la que justifica el por qué de su contundente crítica, de la que merece la pena destacar el apoyo jesuítico a las teorías de Segundo que a juicio de Bojorge, que compartimos, “suscita la fundada impresión de que la Compañía misma asume y difunde como propias las doctrina de Juan Luis Segundo” (13). Es, por tanto, una obra escrita contracorriente y por tanto más meritoria. Ojalá no sea una tormenta de verano sino el comienzo de una rectificación doctrinal de la Orden ignaciana que en sus últimos tiempos había dejado de ser valladar firmísimo de la ortodoxia para alinearse abiertamente en posiciones no ya de vanguardia sino incluso situadas en el campo enemigo. Cierto que no es el primer jesuita que apunta críticas al uruguayo liberacionista, de ellos y de otros autores se vale repetidamente Bojorge, que ha buscado como una zona de seguridad, así como con el actual Prepósito general de la Compañía, Kolvenbach, para los seguros ataques que le van a venir de los epígonos y corifeos del criticado. Aunque también es posible que, ante la contundencia de sus argumentos, sea la conspiración del silencio la que se abata sobre el libro.

“La Esjatología cercenada” es el título del primer capítulo (23-44). Y Bojorge resalta el significativo silencio de Segundo sobre la vida eterna, consecuencia del moralismo inmanentista en el que se mueve. Las consecuencias de este secularismo quedan perfectamente reflejadas en la crítica de Bojorge.

En el capítulo segundo (45-70), “Vicios de argumentación lógica, teológica y escrituraria”, estudia su estilo argumental que califica de sinuoso, resbaladizo y hasta contradictorio en un permanente intento de no ser “pillado” por la censura. Muchas de esas acrobacias son traídas a colación por Bojorge así como los textos de comentaristas indignados ante tanta pirueta, ante tanta cita truncada y falseada. Sus insuficiencias escriturísticas, evidentes, terminamos por no saber si son producto de su escasa ciencia o un ejemplo más de su estilo argumental, si bien Bojorge concluye que son manifestaciones de su pensamiento gnóstico y sofista.

En el capítulo tercero, “Errores acerca de la Revelación y de la hermenéutica” (71-91), continúa acotando las graves limitaciones segundistas que vienen a convertir la Revelación no en un conocimiento de lo que Dios quiso revelarnos sino en una pedagogía hacia un modo de vivir. Señala, con todo acierto, las influencias modernistas, suponemos que más coincidentes que conscientes, tesis para nosotros muy grata pues muchas veces hemos denunciado el pensamiento “neomodernista” que nos invade. La consecuencia es una absoluta relativización de las verdades reveladas que dejan de tener importancia en cuanto tales para ser simplemente un impulso, un sentimiento, una solidaridad que después veremos a dónde nos lleva. El análisis de la interpretación filantrópica que hace Segundo de Mateo 25, 31-46 nos parece un acierto más de Bojorge. Y efectivamente lo que sostiene Segundo es un reduccionismo de la fe.

En el capítulo cuarto analiza la “Actitud ante el Magisterio” del uruguayo (92-129), que podríamos sintetizar grosso modo en que no existe Magisterio sino Historia. Claro que no niega el primero abiertamente para no colocarse en el punto de mira de las denuncias. Pero, si no es necesaria su actuación para las Iglesias y si cuando actúa, actúa mal, ¿qué conclusión debemos extraer?. Y si para ello se alteran los textos, aun peor.

En el capítulo quinto: “Recomendación y defensa del marxismo” (130-150) llegamos a la concretización de la ideología neomodernista. El lector que hoy se encare con estas páginas, después del derrumbe del comunismo, podrá pensar en que era un sostenedor de absurdas tesis. No podemos perder de vista que el abanderamiento del marxismo por la teología de la liberación se hacía en años en que el comunismo era un peligro cierto y gravísimo para la Humanidad y para la Religión. Que millones y millones de seres humanos estaban esclavizados por un sistema que contaba los mártires católicos por millares y millares. Su apología, aun con broma, resultaba un poco pesada. Lo que era, verdaderamente, sólo podemos calificarlo como una traición a la Iglesia. Pero Segundo era un teólogo sui generis dentro de los de su corriente. No aprendió nada del pueblo con el que nunca se mezcló. Era un teólogo burgués que todo lo estudio en los libros y que se movía encantado en los ambientes burgueses. Lo de los pobres eran elucubraciones hechas en cómodos despachos. Aunque no por ello menos peligrosas. Los pobres entendidos, naturalmente, desde el prisma de la Teología de la Liberación, pues, en el sentido evangélico, son consustanciales a la predicación de Jesucristo. Las consideraciones de Bojorge al respecto nos parecen, una vez más, incontestables.

“La adoración de la Historia: la fe neguentrópica” (151-178) es el título del capítulo sexto. El determinismo materialista al que se inclina Segundo en su interpretación de la Historia queda también pulverizado desde el pensamiento católico por Bojorge. Metz y Teilhard son las fuentes que detecta el autor en el pensamiento de Segundo al respecto así como algunas teorías físicas. Y como se las da de teólogo la consecuencia inmediata es identificar la historia de la humanidad con la Historia de la Salvación. Y hasta Dios es histórico pues es el dios de cada momento, conocido por una fe cambiante.

“Intermezzo histórico: la inversión antropocéntrica, naturalismo y gnosis” (179-217), es el capítulo séptimo. Y en él parece apartarse el autor del pensamiento de Segundo, expuesto hasta el momento con numerosas referencias textuales, para estudiar una serie de hechos que tienen al menos un aire de familia con el pensamiento del uruguayo. La Reforma protestante, el naturalismo, Barth, el secularismo, la muerte de Dios, Maritain, o al menos un Maritain, el progresismo, el nuevo gnosticismo, la New Age...

“El giro antropocéntrico en Juan Luis Segundo: del misterio divino al proyecto humano” es el título del capítulo octavo en el que se vuelve al pensamiento del uruguayo (218-246). Que sigue en ello la huella de otros precursores en una mezcla de naturalismo y deísmo. El Misterio desaparece, la fe vuelve a las exposiciones modernistas de comienzos del siglo XX y el antropocentrismo se impone al servicio de la historia. La eficacia política será el criterio fundamental para juzgar la fe aunque, si a ello hubiéramos de atenernos, menudo fracaso el de la teología de la liberación. Y por ese camino se llega, como muy bien percibe Bojorge, no a lo contrario del integrismo sino a un integrismo contrario, propagandista de la leyenda negra anticatólica e instrumento de la persecución de la fe. No es de extrañar que los enemigos de la Iglesia se vuelquen en elogios a Segundo.

“¿Es Teología el pensamiento de Juan Luis Segundo?” (247-276). La conclusión del capítulo noveno será negativa. O si es teología es teología modernista y no católica. Su propósito de hacer teología para laicos en crisis de fe, y entendida la fe cual él lo hace, nos lleva a un puro existencialismo sustraído a cualquier criterio normativo.

El capítulo décimo lleva por título “Acedia ante el pueblo creyente” (277-302). Y comienza por estas reveladoras palabras: “Las obras de Juan Luis Segundo reflejan el tipo de pensamiento secularista: tolerante y simpático con el así llamado hombre de hoy, por el que se entiende preferentemente el ateo o el creyente en crisis de fe. Por el contrario, ese pensamiento es intolerante, sarcástico y predispuesto contra el creyente, al que Juan Luis Segundo zahiere frecuentemente con ironías o frases ofensivas para su sensibilidad. Sobre el creyente recae una sospecha sistemática, lo cual equivale a decir una condenación previa al juicio”.

Le fastidian los “idólatras de Jesús”, los que, en teoría, debían ser los suyos. Como señala Bojorge, es un ejemplo más, desgraciadamente no el único, de ese complejo de culpa católico dispuesto a pedir perdón no ya por los pecados que los hijos de la Iglesia hayan podido cometer sino hasta por las glorias de la Iglesia y por la Iglesia misma. Y ello, contra lo que puedan creer, es un verdadero obstáculo para el diálogo con el ateísmo por el que tanto suspiran. El testimonio aducido de Leo Moulin es apabullante. La auto-antipatía y el precio del desdibujamiento de la identidad cristiana les convierte en unos compañeros de viaje y no en unos interlocutores. El masoquismo segundista es un caso más de un fenómeno por desgracia demasiado difundido en la Iglesia de hoy. Por tanto su Eclesiología nace ya con mucho plomo en el ala hasta convertirse en una verdadera antieclesiología. Sus fuentes están descritas con precisión por Bojorge: Bloch, Metz, Rahner, Machovec...

“Eclesiología gnóstica y elitismo” (303-326) es el título del undécimo y penúltimo capítulo consecuencia lógica del anterior. Su pensamiento sobre la Iglesia es una verdadera reducción de la fe que Bojorge analiza con detallada precisión. Las comunidades populares concientizadas, no el pueblo de Dios, al que rechazan por crédulo, supersticioso, obediente a la jerarquía, Iglesia-institución, amante de la Virgen – el texto sobre Guadalupe es sobrecogedor -, manipulado por el clero..., son la Iglesia del futuro y la Iglesia de Segundo. Y curiosamente su Iglesia popular es una Iglesia aristocrática basada en el esfuerzo y no en el amor. Kant una vez más en el horizonte. Y Lenin. Y Ortega y Gasset...

Concluye su importante con un breve capítulo “Señalaciones de heterodoxia” (327-335). La “herejía criptógama” rahneriana la ve Bojorge evidente en Segundo, cuyos errores fueron calificados por los obispos uruguayos de “ruinosos para la fe” e incursos en lo rechazado por la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre algunos aspectos de la teología de la Liberación. Su Cristología, en su deseo de hacerla aceptable a los ateos, compromete la divinidad de Cristo. La Revelación pasa a ser un magma inconsciente e incompleto. La Historia la “Gran Marcha” del Mundo. Y la praxis lo único realmente importante. La gracia queda diluida y los sacramentos serán meros instrumentos de liberación humana. Así ha podido decir Carlos Saraza: “Estamos ante el proyecto de una «nueva religión», resultado de una mezcla de pelagianismo, protestantismo, racionalismo, modernismo, marxismo, progresismo. Se trata de una nueva religión, con un nuevo dogma y una nueva moral, ajena a la Iglesia de siempre”.

La Conclusión de Bojorge es brevísima (336-341). En verdad ya estaba todo concluido. El pensamiento de Segundo no es serio ni riguroso. Su teología no fundamenta una espiritualidad. A lo más, una pseudoespiritualidad, una espiritualidad gnóstica alejada de los contenidos esenciales de la fe católica. Además, no es teología. No conserva el depósito de la fe.

El libro concluye con tres Anexos: “El culto idolátrico” (342-348), “Reducción de la fe a gnosis” (349-359) y “Sobre el ateísmo del creyente” (360.367) que son tres glosas de textos segundistas sobre materias ya mencionadas pero en las que ahora se extiende Bojorge si cabe con más acritud aunque no con menos acierto. Son comentarios textuales demoledores de unos textos demoledores.

Por último, el libro contiene una utilísima y muy elaborada “Bibliografía selectiva de y sobre Juan Luis Segundo” (369-380) en la que distingue, en las obras del uruguayo, sus libros, los artículos en revistas o en obras colectivas y las traducciones a otras lenguas; y en las que se escribieron sobre él: los libros, las reseñas, estudios y juicios sobre sus obras en revistas y obras colectivas, las tesis y disertaciones académicas y los elogios póstumos.

Creemos que estamos ante un estudio definitivo sobre Juan Luis Segundo. Del que queda pulverizado. Esos fenómenos eclesiales de frontera suelen acabar con su fallecimiento o, como muchos, con el de sus más allegados que, si les sobreviven largo tiempo, hasta ellos se van olvidando del amigo muerto que ha dejado de tener rentabilidades académicas: ya no puede comentar trabajos, citar en sus libros, invitar a congresos y reuniones, firmar manifiestos contra el Papa o la curia... ¿Quién se preocupa hoy de Loisy o de Tyrrel, de Murri o de Teilhard?. Hasta se va apagando la estrella de los más recientes aún estando calientes sus cadáveres. Chenu, Congar, Rahner, Häring... Enseguida pasan a ser únicamente objeto de historiadores de la época. Segundo ya se ha ido. Y siendo de mucha menor talla que los citados, su estrella se apagará bastante antes. Hoy ya apenas titila. Pero convenía extender el certificado de defunción. Esto ha hecho brillantemente, extensamente, teológicamente, católicamente, el padre Horacio Bojorge, de la Compañía de Jesús. Ojalá, como dijimos al principio, esta obra y este jesuita no sean aislado fenómeno sino la vuelta del instituto ignaciano a la trinchera que nunca debió abandonar. La de la defensa de la Iglesia.



Fuente: Verbo (Madrid), (Ag-set-oct 2001) Nº 397-398 pp. 766-772



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