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domingo, 13 de marzo de 2011

Cantantes se unen para apoyar a exiliados cubanos en Proyecto Varela

Cantantes se unen para apoyar a exiliados cubanos en Proyecto Varela


LA HABANA, 09 Mar. 11 (ACI/EWTN Noticias).- Treinta artistas españoles y cubanos de la fama de Gloria Estefan, Alejandro Sanz, Ricardo Montaner, Paloma San Basilio y Willy Chirino, lanzaron el CD titulado "Un disco muy especial", para recaudar fondos que el Comité de Apoyo Internacional al Proyecto Varela destinará a los ex-presos políticos cubanos exiliados en España.

El disco fue presentado en Madrid, en la sede de la Sociedad de Artistas Intérpretes o Ejecutantes de España.

Oscar Gómez, autor, compositor y productor del disco, destacó que es la primera vez que se unen "por una causa humanitaria" artistas cubanos "que a lo largo de varias décadas han desarrollado su talento con gran éxito fuera de Cuba, (con) artistas residentes pero disidentes del gobierno totalitario".

martes, 1 de marzo de 2011

Homenaje del libro católico al Card. Quarracino

Homenaje del libro católico al Card. Quarracino


Buenos Aires, 24 Feb. 11 (AICA).- Al recordar el décimo tercer aniversario de la muerte del cardenal Antonio Quarracino, el Comité Ejecutivo de la Exposición del Libro Católico volverá a rendirle su homenaje con el XVII Certamen Literario Católico Nacional “Cardenal Antonio Quarracino”, por haber sido el “principal artífice y protector de esta obra de la difusión del buen libro”.

El concurso está destinado a alumnos de 4° y 5° año del ciclo secundario y los trabajos de este año estarán referidos al lema “El buen libro, al servicio de la Vida”, en adhesión al Año de la Vida y a la beatificación de Juan Pablo II, apóstol del Evangelio de la Vida.

El certamen tiene como finalidad “promover la creación literaria y la edición de las obras de autores noveles”, motivo por el cual el primer premio contempla la edición del trabajo ganador en la revista “El buen libro”.

lunes, 24 de enero de 2011

Protagonista de milagro atribuido a Juan Pablo II revela detalles inéditos de su curación

Protagonista de milagro atribuido a Juan Pablo II revela detalles inéditos de su curación


PARÍS, 20 Ene. 11 (ACI).- La religiosa francesa Marie Simon Pierre reveló detalles inéditos del milagro que permitirá la beatificación del Papa Juan Pablo II el próximo 1 de mayo, como el hecho de experimentar un deseo incontenible de rezar solo momentos antes de descubrir que fue curada del mal de Parkinson, enfermedad que padeció Karol Wojtyla.

En una entrevista concedida el 14 de enero a la cadena francesa KTOtv y a la cadena italiana RAI Vaticano, la religiosa relata que "el 2 de junio de 2005 fue el día de mi curación. Ese día por la mañana yo estaba completamente impedida y ya no podía más".

"Pensé en buscar a Sor Marie (superiora de su comunidad) para pedirle mi dimisión, dejar de brindar mi servicio en la maternidad donde trabajaba con muchas personas a mi cargo. Me sentía muy pesada y me dije: es necesario que pare, que deje el servicio. Yo no puedo hacer que esto deje de avanzar, no es posible".

El pedido de la hermana Marie Simon Pierre fue rechazado con amabilidad y a cambio su superiora le propuso pedir la gracia de su curación a Juan Pablo II.


martes, 23 de noviembre de 2010

Conociendo más de cerca al Papa Ratzinger

Conociendo más de cerca al Papa Ratzinger


Hoy se ha presentado en la Sala de Prensa Vaticana el libro “Luz del mundo” que recoge los diálogos del Papa Benedicto XVI con el periodista alemán Peter Seewald. Desde mañana estará oficialmente a la venta. Mientras esperamos leer el libro completo, ofrecemos nuestra traducción de unos bellísimos extractos, publicados por el periódico Avvenire, en los que podemos conocer más de cerca a Benedicto XVI, sus sentimientos al momento de la elección pontificia, su visión del ministerio petrino, así como algunos detalles de su vida cotidiana.


***


-Santo Padre, el 16 de abril de 2005, en el día de su 78º cumpleaños, usted comunicaba a sus colaboradores cuánto deseaba su jubilación. Tres días después, se encontró siendo el Jefe de la Iglesia universal que cuenta con mil doscientos millones de fieles. No es precisamente la tarea que se reserva para la vejez.

Realmente había esperado encontrar paz y tranquilidad. El hecho de encontrarme de improviso frente a esta tarea inmensa ha sido para mí, como todos saben, un verdadero shock. La responsabilidad, de hecho, es enorme.


-Hubo un momento del cual, más tarde, usted dijo haber tenido la impresión de sentir un “hacha” caerle encima.

Sí, en efecto, el pensamiento de la guillotina me ha venido: he aquí, ahora cae y te golpea. Estaba segurísimo de que este cargo no habría estado destinado para mí sino que Dios, después de tantos fatigosos años, me habría concedido un poco de paz y de tranquilidad. Lo único que llegué a decir, que logré aclararme a mí mismo, ha sido: “Evidentemente, la voluntad de Dios es diversa, y para mí comienza algo completamente diverso, algo nuevo. Pero Él estará conmigo”.


-En la así llamada “Sala de las lágrimas”, desde el inicio del Cónclave, están listas para el futuro Papa tres vestiduras: una larga, una corta y una media. ¿Qué ha pensado en aquella habitación de la cual se dice que, en ella, más de un nuevo Pontífice se ha quebrado?. ¿Es allí que, por última vez, se pregunta: ¿por qué yo?. ¿Qué quiere Dios de mí?

En realidad, en aquellos momentos uno está con cuestiones muy prácticas, exteriores: en primer lugar, cómo ajustarse las vestiduras y cosas similares. Sabía que poco después, desde la Logia central, tendría que pronunciar algunas palabras, y comencé a pensar: “¿Qué podría decir?”. Por otro lado, desde el momento en que la opción cayó sobre mí, sólo he sido capaz de decir esto: “Señor, ¿qué me estás haciendo?. Ahora la responsabilidad es Tuya. ¡Tú me debes conducir!. Yo no soy capaz de esto. ¡Si Tú me has querido, ahora debes ayudarme!”. En este sentido, me he encontrado, por así decir, en un diálogo muy apremiante con el Señor para decirle que si hacía una cosa, entonces debía hacer también la otra.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El verdadero concepto del amor, palabra hoy tan desgastada

El verdadero concepto del amor, palabra hoy tan desgastada


Buenos Aires, 7 Set. 10 (AICA).- Tan importante como renovar diariamente la oración, la adoración, el agradecimiento y el sentido del obrar es tener las ayudas para hacerlo. “Amar y sentir a Dios”, el libro de Eduardo María Volpacchio, es un nuevo y excelente auxiliar para ello. En primer lugar se hace cargo del primer mandamiento, el que resume todos los demás. Pero también habla del sentir, y allí ¿qué pasa cuando Dios resulta para el hombre el Dios escondido –como dijo el salmista– y sólo se nos presenta el deber?. ¿Qué sucede cuando dejamos de sentir amor por nuestro prójimo?. Son preguntas que el autor hace junto a los lectores y ayuda a responderlas en consecuencia. Aclara que “entramos en un terreno lleno de paradojas. Hablaremos del papel fundamental de los sentimientos, al tiempo que explicaremos que no pueden funcionar solos”.

En primer lugar, el autor se concentra en el verdadero concepto del amor, palabra tan usada que sufre desgastes, contradicciones y confusiones. Por eso Volpacchio “rescata al amor” de alguno de estos equívocos, tal como es el programa de Benedicto XVI.

Con sencillez y profundidad va desarrollando diferentes ángulos del tema central de la vida cristiana: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Y en uno de sus capítulos entrega “Diez claves del progreso interior”. Y propone aprender a disfrutar del cristianismo.

El autor escribió “Amar y sentir a Dios” a través de veinte años de meditación; la recomendación es leerlo de la misma manera, despacio. Entre las lecturas que están relacionadas con el tema, el autor destaca el Catecismo de la Iglesia católica, en sus capítulos II y III. Las encíclicas de Benedicto XVI y los escritos de san Josemaría Escrivá.

Eduardo María Volpacchio es un sacerdote argentino, de la prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. Fue ordenado por Juan Pablo II. Es doctor en Teología por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, de Roma. Ejerció el ministerio del sacerdocio en Tucumán y Uganda. Actualmente lo hace en San Isidro.

“Amar y sentir a Dios”, de 252 páginas, fue editado por Ediciones Logos, avenida Santa Fe 2009, Buenos Aires.



miércoles, 1 de septiembre de 2010

El Progresismo Cristiano - Julio Meinvielle

El Progresismo Cristiano
Julio Meinvielle


Esta fresca aun sobre la impresión de los católicos, la enérgica reprobación del Siervo de Dios Papa Juan Pablo II a la llamada Teología de la Liberación y las pulidas declaraciones del Cardenal Ratzinger -por entonces Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy Papa Benedicto XVI- sobre las desviaciones heréticas de toda índole producidas después del Concilio Vaticano II. Roma parece no perder ocasión de hablar sobre el problema y de advertirnos con firmeza. El Progresismo es pues, ahora, un error incontestablemente condenado, irreversiblemente descalificado, enfáticamente enjuiciado.

Pero no era sencillo quince, veinte o más años atrás -en pleno auge de la herejía y de sus difusores- señalar el error, defender la doctrina verdadera, desenmascarar las falacias, desmontar los engaños sutiles y las ambigüedades perversas, indicar las desviaciones, mostrar las fuentes, los antecedentes y los orígenes del mal, prevenir sobre las consecuencias dolorosas que se sucederían de no mediar rectificaciones, atreverse con los intocables heresiarcas, y hacerlo todo con un amor inmenso a Cristo, a Su Madre y a la Santa Iglesia. No era sencillo, pero el Padre Julio Meinvielle lo hizo. Este libro -cuidada recopilación de escritos sobre el particular- lo recuerda y lo ratifica.

Algún día, se ha de reconocer que, a la Argentina, le cabe el honor de haber sido una de las primeras naciones que más y mejores pensadores movilizo en contra de la herejía progresista. Ese día, el nombre del Padre Julio Meinvielle y sus libros eminentes -de los cuales, este es un claro testimonio- ocuparan, sin retaceos, un sitio de honor en la historia de la Cristiandad.



martes, 31 de agosto de 2010

Benedicto XVI publicará un nuevo libro-entrevista con Peter Seewald

Benedicto XVI publicará un nuevo libro-entrevista con Peter Seewald


Benedicto XVI ha decidido publicar un libro-entrevista, un nuevo diálogo con el periodista alemán Peter Seewald, que ya dos veces, cuando Joseph Ratzinger era cardenal, lo había entrevistado ampliamente.

La noticia, proveniente de los ambientes editoriales alemanes, es publicada esta mañana por el Tagespost y encuentra confirmación en el Vaticano.

En marzo próximo, durante la Cuaresma, está prevista la salida del segundo volumen del libro del Papa sobre Jesús de Nazaret, dedicado al momento culminante de la vida de Cristo, la Pasión, Muerte y Resurrección. Y ya se habla de un ulterior volumen que Benedicto XVI escribirá afrontando el tema de la infancia del Nazareno.

El libro-entrevista con Seewald no se ubica en este plano, y aunque hasta el momento no ha sido establecida la fecha de publicación, es razonable pensar que estará en librería dentro de un año. En Italia, el volumen debería ser editado por la Librería Editrice Vaticana – que, como se sabe, detenta los derechos de autor de todas las obras del Pontífice – mientras que no aún no se ha establecido nada definitivo para la edición alemana: la LEV tendría intención de publicar el libro bajo la editorial Herder, mientras que el entrevistador preferiría un editor más laico, como Heyne.

El nuevo diálogo con el periodista alemán, que durante el verano ya ha realizado las grabaciones de la entrevista con el Papa, será el cuarto libro de este género para Joseph Ratzinger.

Como Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en 1985, el futuro Pontífice se hizo entrevistar por el escritor Vittorio Messori, que luego sería también autor del libro-entrevista con Juan Pablo II, el primero de un Papa (“Cruzando el umbral de la esperanza”, 1994). De allí nació el best-seller “Informe sobre la fe”, un libro que hizo época, anticipando lo que el Papa Ratzinger definirá la hermenéutica correcta del Concilio. En el libro, el cardenal afirmaba, entre otras cosas: “Entre las tares más urgentes para el cristiano, está la recuperación de la capacidad de oponerse a muchas tendencias de la cultura circunstante, renunciando a cierta solidaridad demasiado eufórica post-conciliar”.

Poco más de diez años después, en 1997, el Prefecto de la Fe decidió dialogar de nuevo con un periodista, esta vez con Peter Seewald. Salió así “La sal de la tierra”, libro dedicado a “cristianismo e Iglesia Católica en el siglo XXI”. El periodista describe así aquellos encuentros en la introducción: “El Cardenal nunca me preguntó nada de mi pasado o de mi estado de vida. Ni siquiera quiso que le fueran anticipadas las preguntas, ni pretendió que alguna cosa fuese eliminada o agregada. La atmósfera del encuentro ha sido intensa y seria, pero a veces este príncipe de la Iglesia se sentaba en forma tan ligera sobre su silla que se tenía la impresión de estar con un estudiante. Una vez interrumpió nuestra conversación para retirarse a meditación o, tal vez, también para pedir al Espíritu Santo las palabras justas”. El encuentro con Ratzinger marca también la vida de Seewald, que redescubre la fe.

La experiencia se repite algunos años después. Seewald entrevista nuevamente a Ratzinger al alba del nuevo milenio y en el 2001 publica otro best-seller, “Dios y el mundo”, dedicado a “ser cristianos en el nuevo milenio”.

Los muchísimos lectores de estos libros saben que Ratzinger no escapa a ninguna pregunta y no tiene miedo de afrontar los argumentos más espinosos, como atestiguan sus respuestas durante las entrevistas sobre el avión con los periodistas que siguen sus viajes.

El nuevo libro no tiene todavía un títutlo oficial. La hipótesis de trabajo al momento es “Luz del mundo”, pero es posible que sea cambiado. ¿Cuándo decidió el Papa aceptar esta propuesta?. En noviembre de 2008, durante un encuentro ocurrido luego de la audiencia general, Vittorio Messori propuso a Benedicto XVI “actualizar” el Informe sobre la fe: “Sólo deme tres días”, dijo el escritor. Ratzinger no dijo no, pero bromeó diciendo: “Para mí ahora es difícil incluso tres horas…”. La idea, en aquel momento impracticable, no debió haberle disgustado. Y así, cuando algunos meses atrás Seewald le propuso un nuevo diálogo, le ha respondido que sí.






viernes, 23 de julio de 2010

Dirigencia argentina sucumbió a presión foránea con "pseudomatrimonio"

Dirigencia argentina sucumbió a presión foránea con "pseudomatrimonio"


BUENOS AIRES, 21 Jul. 10 (ACI).- El Presidente de Pro-Vida, Roberto Castellano, criticó a la dirigencia que aprobó los "matrimonios" homosexuales porque sucumbieron a la presión foránea y demostraron estar más cerca de Barack Obama y Rodríguez Zapatero, que de Cristo.

En un comunicado, Castellano señaló que estos dirigentes sucumbieron "a la presión foránea, especialmente desde EEUU y la Unión Europea (…), y no tienen la menor idea del pensamiento católico, a pesar de haberse proclamado casi todos como católicos".

"Kirchner, Cobos, Carrió, Macri, Solá, Alfonsín, Sanz, Solanas, Pichetto, Menem, Rodríguez Saá, Duhalde, Ibarra, Pinedo, Juez, Reutemann, Romero", son algunos de los líderes políticos que promovieron la legalización "del pseudomatrimonio entre personas del mismo sexo o el reconocimiento de su versión encubierta a través de la llamada 'unión civil'. Casi todos activamente y otros por omisión", recordó.

Castellano citó al Siervo de Dios Juan Pablo II, que reafirmó que "la Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales".

El entonces Pontífice indicó que el bien común exige que las leyes protejan el verdadero matrimonio, porque legalizar "las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad".

"La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad", indicó Juan Pablo II en el 2003.



miércoles, 19 de mayo de 2010

Juan Pablo II nunca pidió sedantes y abrazó siempre el dolor, explica su médico

Juan Pablo II nunca pidió sedantes y abrazó siempre el dolor, explica su médico


ROMA, 18 May. 10 (ACI).- En una entrevista concedida a L'Osservatore Romano, el doctor italiano Renato Buzzonetti, actual médico de Benedicto XVI, relata cómo era su relación y muchas de las vivencias con su querido predecesor, Juan Pablo II, desde que el Papa Peregrino decidiera que él estuviese a cargo de su salud en 1978. Recuerda, entre muchas otras cosas, algunos detalles del atentado del 13 de mayo de 1981, su disposición a abrazar al Señor en la cruz del dolor y los últimos momentos de su vida.

El galeno recuerda que tras las cinco horas de la intervención a la que tuvo que ser sometido luego de recibir la bala en la Plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II le dijo: "Como Bachelet". A lo que él respondió: "no, Santidad, porque usted está vivo y vivirá".

Buzzonetti prosigue: "creo que citó aquel nombre porque fue muy tocado por el asesinato del vicepresidente del Consejo superior de la magistratura, muerto por las Brigadas Rojas el 12 de febrero de 1980: el Papa lo conocía porque, ya siendo Presidente General de la Acción Católica Italiana, era miembro del Pontificio Consejo para los Laicos, del cual el Cardenal Wojtyla había formado parte. Y por Victorio Bachelet quiso celebrar una solemne Misa de sufragio en San Pedro pocos días después de su muerte".

Tras resaltar la profunda e impactante espiritualidad del Papa polaco, el médico se refiere al Parkinson que lo afectó desde 1991. Le había explicado que el temblor en las manos "no había matado a ninguno antes" pero era una clara indicación de esta dolencia. "La vida del Papa fue luego más complicada por la sintomatología dolorosa osteo-articular, particularmente importante en la rodilla derecha, que le impedía a Juan Pablo II estar de pie y caminar ágilmente. Eran dos síntomas que, sumados y entrelazados, hicieron necesarios el uso del bastón, y posteriormente la silla de ruedas".

Ante el dolor y los impedimentos, cuenta Buzzonetti, Karol Wojtyla "nunca pidió sedantes, ni siquiera en la fase final. Era sobre todo el dolor de un hombre encerrado, postrado en una cama o una silla, que había perdido la autonomía física. No podía hacer nada solo y llegaron los días de total debilidad física: no podía caminar, no podía hablar más que con una voz muy débil, su respiración se hizo fatigosa y entrecortada, se nutría con creciente dificultad".

"Cuando llegó la ora de la cruz, supo abrazarla sin atenuantes: Vexilla regis prodeunt (a todo viento las banderas reales ondean)".

Seguidamente relata que un momento particularmente dramático de los últimos días del Papa peregrino fue el que siguió a la traqueotomía que tuvo que practicarle: "levantándose tras la anestesia, luego de haber dado su consentimiento, se dio cuenta de que no podía hablar. De improviso se encontró ante una realidad pesadísima. Sobre una pizarrita escribió 'Qué me han hecho. Totus tuus (Todo tuyo, su lema mariano)'. Era la toma de conciencia de la nueva condición existencial en la que acababa de caer, de pronto sublimado por el acto de confianza en María".

Los últimos días de Juan Pablo II, que pasó en intensa comunión con él, fueron para Buzzonetti "de una tensión extrema por la gran responsabilidad que pesaba sobre mi espalda". "Yo y mis colegas constatábamos que la enfermedad estaba inexorablemente en la última fase de su curso. Nuestra batalla había sido conducida con paciencia, humildad y prudencia, extremadamente difícil porque sabíamos que concluiría con la derrota".

Renato Buzzonetti quiso alguna vez dejar de servir al Papa como su médico, pero no le aceptó la renuncia. "Es la voluntad del Santo Padre" que lo siga siendo, le dijo alguna vez el actual Arzobispo de Cracovia, Cardenal Stanislaw Dziwisz, cuando era secretario personal del Santo Padre, pedido que acogió con solicitud y obediencia.

Tras comentar que acompañaban con "respeto al hombre sufriente", subraya que "para el médico cristiano la agonía del hombre es la imagen del Señor. Todo hombre tiene sus llagas, porta su corona de espinas, balbucea sus últimas palabras, se abandona en las manos de alguno que inconscientemente renueva el gesto de María, de las pías mujeres, de José de Arimatea. La muerte de Juan Pablo II me involucró aún más".

Al finalizar la entrevista, el Dr. Renato Buzzonetti afirma que el tránsito del Papa Wojtyla "fue la muerte de un hombre despojado de todo, que había vivido las horas de la batalla y de la gloria y que se presentaba en su desnudez interior, pobre y solo, al encuentro de su Señor al que estaba por restituir las llaves del Reino. En aquella hora de dolor y estupor, tuve la sensación de encontrarme en las orillas del lago Tiberíades. La historia parecía reajustada, mientras Cristo estaba por llamar al nuevo Pedro".



jueves, 13 de mayo de 2010

Navarro Valls: No se habla de los casos de pedofilia que suceden en familias

Navarro Valls: No se habla de los casos de pedofilia que suceden en familias


MADRID, 11 May. 10 (ACI/Europa Press).- El ex portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, considera que ninguna institución ha afrontado los casos de pedofilia "tan en serio" como lo ha hecho la Iglesia, abusos que, a su juicio, son "ínfimos" en comparación con otros grupos sociales.

Y así, critica: "No se habla de los casos de pedofilia que suceden en la familia" y se permite que países que ocupan puestos en Naciones Unidas acepten en su normativa que una niña pueda ser tomada como esposa con 7 u 8 años.

"Desafío a cualquier persona a decirme el nombre de una sola institución pública –educativa, militar... – que se haya tomado el problema tan en serio como la Iglesia", declaró en entrevista a Europa Press. Además, deseó que la opinión pública no caiga "en una hipocresía en este caso".

"El problema de la pedofilia es bestial, tremendo y tremendamente conocido. Las últimas estadísticas apuntan a que uno de cada cinco críos ha sufrido abusos", constató, al tiempo que añadió que con estas cifras la proporción de los abusos cometidos por sacerdotes o religiosos es "ínfima".

"De lo que no se habla es de los otros casos, de los que suceden en la familia", señaló. En cualquier caso, dijo sentir "vergüenza como ser humano" ante la pedofilia: "Pensar en que un ser humano haya orientado así su sexualidad me humilla pero no como español, turco o católico, sino como ser humano".

Aún con todo, denunció, hay países en el mundo que aceptan en su normativa que una niña pueda ser tomada como esposa con 7 u 8 años. "Esto es pedofilia pura y simplemente, y esos países ocupan puestos en Naciones Unidas y la comunidad internacional lo respeta. Atentos con caer en la hipocresía", concluyó.


Proceso contra Maciel con Juan Pablo II

Sobre el caso del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, Navarro dijo que es "lamentable y enigmático" y reivindicó que el procedimiento canónico contra el religioso empezó con Juan Pablo II.

Según explicó, este proceso es lento y por eso se terminó el primer año del pontificado de Benedicto XVI. "Yo di claramente la noticia sin tapar ni esconder nada", apuntó. Así, calificó de "estupidez" que se acuse al Papa Wojtyla de haber ocultado los hechos pues "el procedimiento comenzó cuando era Papa". En este sentido, dijo que, por este motivo, no va a afectar al proceso de beatificación del Pontífice polaco.



viernes, 29 de enero de 2010

Autor polaco explica por qué cree que Juan Pablo II es santo

Autor polaco explica por qué cree que Juan Pablo II es santo


ROMA, 27 Ene. 10 (ACI).- El postulador de la causa de beatificación del venerable Papa Juan Pablo II, P. Slawomir Oder, presentó hoy su nuevo libro sobre este recordado Pontífice titulado "Por qué es santo", en el que explica las razones que considera deben llevar al Papa peregrino a los altares.

Este nuevo volumen, presentado también por el Prefecto Emérito de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal José Saraiva, ha contado la colaboración del periodista Saverio Gaeta y ha sido editado por Rizzoli. En su primera edición tiene un tiraje de 30 mil copias.

"Por qué es santo" ha sido elaborado con la información de los 114 testimonios recogidos en la investigación diocesana de la causa de beatificación y que muestran un poco más la vida de Juan Pablo II.

En declaraciones a Radio Vaticano, el P. Oder comenta que el Papa peregrino es "un hombre absolutamente enamorado de Dios. Un hombre que ha pasado toda su vida en clave de amistad espiritual con el Señor. Un hombre que ha vivido intensamente este relación espiritual, que tal vez ha sido más intensa por el hecho de que desde niño estuvo privado de las referencias de los afectos humanos".

"Toda la intensidad de su riqueza humana, porque era un hombre verdadero, está en su búsqueda de la relación con Cristo", añade el P. Oder.

En el libro se aprecia un texto en el que el Papa puso por escrito su voluntad de renunciar al Pontificado en caso de padecer una "enfermedad incurable" que le impidiera "ejercitar suficientemente las funciones del ministerio petrino". En otra carta de 1994, Juan Pablo II señalaba que, "después de haber rezado y reflexionado mucho" había considerado el deber de "seguir las disposiciones y el ejemplo de Pablo VI, quien, planteándose el mismo problema, juzgó que no podía renunciar al mandato apostólico sino en presencia de una enfermedad incurable o de un impedimento tal que obstaculizara el ejercicio de las funciones del sucesor de Pedro".

El texto también se refiere a una carta abierta del Papa peregrino a Ali Agca, fechada el 11 de septiembre de 1981, escrita en polaco e incompleta. Al respecto Saverio Gaeta comenta que "ya en la ambulancia había comenzado esta invocación personal ante el propio agresor y quería reconfirmarla –a cinco meses de distancia– mostrando, entonces que no era un acto instintivo y emotivo aquel hecho en la ambulancia y luego de algunos días pronunciado en el (policlínico) Gemelli".

Gaeta continúa: el Papa "quería que esto fuera un gesto meditado y convencido para documentar cómo el perdón cristiano hace parte de la experiencia total de la fe y del amor, subrayando que también un gesto así de terrible, el atentado, no debía hacer que el hombre se enfrente al hombre".

El libro también relata que antes de este atentado, el servicio secreto italiano había informado a las autoridades del Vaticano el plan de las llamadas "Brigadas rojas" para secuestrar al Papa. Además se cuenta las penitencias del Santo Padre en Cuaresma y la práctica del Vía Crucis todos los viernes. El P. Oder da cuenta que Juan Pablo II "se infligía al propio cuerpo diversas mortificaciones" con un "cinturón particular".

La santidad del Papa, retoma Saverio Gaeta, también podría apreciarse en la vida diaria: "para Juan Pablo II la santidad era realmente algo que aparecía en todos los momentos de la cotidianidad, con la que la santidad era hacer la broma justa en el momento justo, o hincarse en oración luego de haberse lavado las manos antes de celebrar la Santa Misa, y caer verdaderamente en el misticismo más puro en la total ausencia del tiempo y de lo que sucedía en torno a él".

"Podemos decir con una broma –que es una que cuento al inicio del libro– un episodio en el que responde a una hermana que lo veía un poco demacrado: ‘estoy preocupada por vuestra Santidad’ a lo que respondía con amabilidad: ‘también yo estoy preocupado por mi santidad’. Era una broma simpática, que dicha así de pronto hace comprender cuánto el Papa tenía esto claro en todo momento de la jornada y en toda situación", concluye Gaeta.


Video "Juan Pablo El Grande" de Tony Meléndez





martes, 10 de marzo de 2009

Carta a las Mujeres - Juan Pablo II


Carta del Papa Juan Pablo II a las Mujeres
en la proximidad de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer
29 de Junio de 1995


A vosotras mujeres del mundo entero, os doy mi más cordial saludo:

A cada una de vosotras dirijo esta carta con objeto de compartir y manifestar gratitud, en la proximidad de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, que tendrá lugar en Pekín el próximo mes de septiembre.

Ante todo deseo expresar mi vivo reconocimiento a la Organización de las Naciones Unidas, que ha promovido tan importante iniciativa. La Iglesia quiere ofrecer también su contribución en defensa de la dignidad, papel y derechos de las mujeres, no sólo a través de la aportación especifica de la Delegación oficial de la Santa Sede a los trabajos de Pekín, sino también hablando directamente al corazón y a la mente de todas las mujeres. Recientemente, con ocasión de la visita que la Señora Gertrudis Mongella, Secretaria General de la Conferencia, que ha hecho precisamente con vistas a este importante encuentro, le he entregado un Mensaje en el que se recogen algunos puntos fundamentales de la enseñanza de la Iglesia al respecto. Es un mensaje que, más allá de la circunstancia especifica que lo ha inspirado, se abre a la perspectiva más general de la realidad y de los problemas de las mujeres en su conjunto, poniéndose al servicio de su causa en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. Por lo cual he dispuesto que se enviara a todas las Conferencias Episcopales, para asegurar su máxima difusión.

Refiriéndome a lo expuesto en dicho documento, quiero ahora dirigirme directamente a cada mujer, para reflexionar con ella sobre sus problemas y las perspectivas de la condición femenina en nuestro tiempo, deteniéndome en particular sobre el tema esencial de la Dignidad v de los derechos de las mujeres, considerados a la luz de la palabra de Dios.

El punto de partida de este .diálogo ideal no es otro que dar gracias « La Iglesia - escribía en la Carta apostólica Mulieris dignitatem- desea dar gracias a la Santísima Trinidad por el "misterio de la mujer" y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las maravillas de Dios", que en la historia de la humanidad se han realizado en ella y por ella » (n. 3 l).

2. Dar gracias al Señor por su designio sobre la vocación y la misión de la mujer en el mundo se convierte en un agradecimiento concreto y directo a las mujeres, a cada mujer, por lo que representan en la vida de la humanidad.

Te doy gracias, mujer madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz v te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.

Te doy gracias, mujer esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.

Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.

Te doy gracias, mujer-trabajadora que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del « misterio », a la edificación de estructuras economices y políticas más ricas de humanidad.

Te doy gracias, mujer consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta « esponsal », que expresa maravillosamente la comunión que El quiere establecer con su criatura

Te doy gracias, mujer por el hecho mismo de ser mujer.' Con la 'intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas.

3. Pero dar gracias no basta, lo sé. Por desgracia somos herederos de una historia de enormes condicionamientos que, en todos los tiempos y en cada lugar, han hecho difícil el camino de la mujer, despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud. Esto le ha impedido ser profundamente ella misma y ha empobrecido la humanidad entera de auténticas riquezas espirituales. No sería ciertamente fácil señalar responsabilidades precisas, considerando la fuerza de las sedimentaciones culturales que, a lo largo de los siglos, han plasmado mentalidades e instituciones. Pero si en esto no han faltado, especialmente en determinados contextos históricos, responsabilidades objetivas incluso en no pocos hijos de la Iglesia, lo siento sinceramente. Que este sentimiento se convierta para toda la Iglesia en un compromiso de renovada fidelidad a la inspiración evangélica, que precisamente sobre el tema de la liberación de la mujer de toda forma de abuso y de dominio tiene un mensaje de perenne actualidad, el cual brota de la actitud misma de Cristo. El, superando las normas vigentes en la cultura de su tiempo, tuvo en relación con las mujeres una actitud de apertura, de respeto, de acogida y de ternura. De este modo honraba en la mujer la dignidad que tiene desde siempre, en el proyecto v en el amor de Dios. Mirando hacia El, al final de este segundo milenio, resulta espontáneo preguntarse: ¿qué parte de su mensaje ha sido comprendido y llevado a término?

Ciertamente, es la hora de mirar con la valentía de la memoria, y reconociendo sinceramente las responsabilidades, la larga historia de la humanidad, a la que las mujeres han contribuido no menos que los hombres, y la mayor parte de las veces en condiciones bastante más adversas. Pienso, en particular, en las mujeres que han amado la cultura y el arte, y se han dedicado a ello partiendo con desventaja, excluidas a menudo de una educación igual, expuestas a la infravaloración, al desconocimiento e incluso al despojo de su aportación intelectual. Por desgracia, de la múltiple actividad de las mujeres en la historia ha quedado muy poco que se pueda recuperar con los instrumentos de la historiografía científica. Por suerte, aunque el tiempo haya enterrado sus huellas documentales, sin embargo se percibe su influjo benéfico en la linfa vital que conforma el ser de las generaciones que se han sucedido hasta nosotros. Respecto a esta grande e inmensa « tradición » femenina, la humanidad tiene una deuda incalculable. ¿Cuántas mujeres han sido v son todavía más tenidas en cuenta por su aspecto físico que por su competencia, profesionalidad, capacidad intelectual, riqueza de su sensibilidad y en definitiva por la dignidad misma de su ser!

4. ¿Y qué decir también de los obstáculos que, en tantas partes del mundo, impiden aún a las mujeres su plena inserción en la vida social, política y económica? Baste pensar en cómo a menudo es penalizado, más que gratificado, el don de la maternidad, al que la humanidad debe también su misma supervivencia. Ciertamente, aún queda mucho por hacer para que el ser mujer y madre no comporte una discriminación. Es urgente alcanzar en todas partes la efectiva aguarda e los derechos de la persona y por tanto igualdad de salario respecto a igualdad de trabajo, tutela de la trabajadora-madre, justas promociones en la carrera, igualdad de los esposos en el derecho de familia, reconocimiento de todo lo, que va unido a sus derechos y deberes del ciudadano en un régimen democrático.

Se trata de un acto de justicia, pero también de una necesidad. Los graves problemas sobre la mesa, en la política del futuro, verán a la mujer comprometida cada vez más: tiempo libre, calidad de la vida, migraciones, servicios sociales, eutanasia, droga, sanidad y asistencia, ecología, etc. Para todos estos campos será preciosa una mayor presencia social de la mujer, porque contribuirá a manifestar las contradicciones de una sociedad organizada sobre puros criterios de eficiencia y productividad, y obligará a replantear los sistemas en favor de los procesos de humanización que configuran la « civilización del amor ».

5. Mirando también uno de los aspectos más delicados de la situación femenina en el mundo, ¿cómo no recordar la larga y humillante historia -a menudo « subterránea »- de abusos cometidos contra las mujeres en el campo de la sexualidad? A las puertas del tercer milenio no podemos permanecer impasibles y resignados ante este fenómeno. Es hora de condenar con determinación, empleando los medios legislativos apropiados de defensa, las formas de violencia sexual que con frecuencia tienen por objeto a las mujeres. En nombre del respeto de la persona no podemos además no denunciar la difundida cultura hedonística y comercial que promueve la explotación sistemática de la sexualidad, induciendo a chicas incluso de muy joven edad a caer en los ambientes de la corrupción y hacer un uso mercenario de su cuerpo.

Ante estas perversiones, cuánto reconocimiento merecen en cambio las mujeres que, con amor heroico por su criatura, llevan a término un embarazo derivado de la injusticia de relaciones sexuales impuestas con la fuerza; y esto no sólo en el conjunto de las atrocidades que por desgracia tienen lugar en contextos de guerra todavía tan frecuentes en el mundo, sino también en situaciones de bienestar y de paz, viciadas a menudo por una cultura de permisivismo hedonístico, en que prosperan también más fácilmente tendencias de machismo agresivo. En semejantes condiciones, la opción del aborto, que es siempre un pecado grave, antes de ser una responsabilidad de las mujeres, es un crimen imputable al hombre v a la complicidad, del ambiente que lo rodea.

6. Mi « gratitud » a las mujeres se convierte pues en una llamada apremiante, a fin de que por parte de todos, y en particular por parte de los Estados y de las instituciones internacionales, se haga lo necesario para devolver a las mujeres el pleno respeto de su dignidad y de su papel. A este propósito expreso mi admiración hacía las mujeres de buena voluntad que se han dedicado a defender la dignidad de su condición femenina mediante la conquista de fundamentales derechos sociales, económicos y políticos, y han tomado esta valiente iniciativa en tiempos en que este compromiso suyo era considerado un acto de transgresión, un signo de falta de femineidad, una manifestación de exhibicionismo, y tal vez un pecado.

Como expuse en el Mensaje para la jornada Mundial de la Paz de este año, mirando este gran proceso de liberación de la mujer, se puede decir que « ha sido un camino difícil y complicado y, alguna vez, no exento de errores, aunque sustancialmente positivo, Incluso estando todavía incompleto por tantos obstáculos que, en varias partes del mundo, se interponen a que la mujer sea reconocida, respetada y valorada en su peculiar dignidad » (n. 4).

¡Es necesario continuar en este camino! Sin embargo estoy convencido de que el secreto para recorrer libremente el camino del pleno respeto de la identidad femenina no está solamente en la denuncia, aunque necesaria, de las discriminaciones y de las injusticias, sino también y sobre todo en un eficaz (…) proyecto de promoción, que contemple todos los ámbitos de la vida femenina, a partir de una renovada y universal toma de conciencia de la dignidad de la mujer. A su reconocimiento, no obstante los múltiples acondicionamientos históricos, nos lleva la razón misma, que siente la Ley de Dios inscrita en el corazón de cada hombre. Pero es sobre todo la Palabra de Dios la que nos permite descubrir con claridad el radical fundamento antropológico de la dignidad de la mujer, indicándonoslo en el designio de Dios sobre la humanidad.

7. Permitidme pues, queridas hermanas, que medite de nuevo con vosotras sobre la maravillosa página bíblica que presenta la creación del ser humano, y que dice tanto sobre vuestra dignidad y misión en el mundo.

El Libro del Génesis habla de la creación de modo sintético y con lenguaje poético y simbólico, pero profundamente verdadero: «Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó: varón y mujer los creó » (Gen l, 27). La acción creadora de Dios se desarrolla según un proyecto preciso. Ante todo, se dice que el ser humano es creado « a imagen v semejanza de Dios» (cf. Gen 1, 26), expresión que aclara en seguida el carácter peculiar del ser humano en el contexto de la obra de la creación.

Se dice, además que el ser humano, desde el principio, es creado corno « varón y mujer »(Gn 1, 27). La Escritura misma da la interpretación de este dato: el hombre, aun encontrándose rodeado de las innumerables criaturas del mundo visible, ve que esas solo (cf. Gen 2, 20). Dios interviene para hacerlo salir de tal situación de soledad: « No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada » (Gn 2, 18). En la creación de la mujer está inscrito, pues, desde el inicio el principió de la ayuda: ayuda - mírese bien- no unilateral, sino recíproca. La mujer es el complemento del hombre, como el hombre es el complemento de la mujer: mujer y hombre son entre sí complementarios. La femineidad realiza lo « humano » tanto corno la masculinidad, pero con una modulación diversa y complementaria.

Cuando el Génesis habla de « ayuda », no se refiere solamente al ámbito del obrar, sino también al del ser. Femineidad y masculinidad son entre sí complementarias no sólo desde el punto de vista físico y psíquico, sino ontológico, Sólo gracias a la dualidad de lo « masculino » y de lo « femenino » lo « humano » se realiza plenamente.

8. Después de crear al ser humano varón y mujer, Dios dice a ambos: « Llenad la tierra v sometedla » (Gn 1, 28). No les da sólo el poder de procrear para perpetuar en el tiempo el género humano, sino que les entrega también la tierra como tarea, comprometiéndolos a administrar sus recursos con responsabilidad. El ser humano, ser racional y libre, está llamado a transformar la faz de la tierra. En este encargo, que esencialmente es obra de cultura, tanto el hombre como la mujer tienen desde el principio igual responsabilidad. En su reciprocidad esponsal y fecunda, en su común tarea de dominar y someter la tierra, la mujer y el hombre no reflejan una igualdad estática y uniforme, y ni siquiera una diferencia abismal e Inexorablemente conflictiva: su relación más natural, de acuerdo con el designio de Dios, es la « unidad de los dos », o sea una « unidualidad » relacionar, que permite a cada uno sentir la relación interpersonal y recíproca como un don enriquecedor y responsabilizante.

A esta « unidad de los dos » confía Dios no sólo la obra de la procreación y la vida de la familia, sino la construcción misma de la historia, Si durante el Año Internacional de la Familia, celebrado en 1994, se puso la atención sobre la mujer como madre, la Conferencia de Pekín es la ocasión propicia para una nueva toma de conciencia de la múltiple aportación que la mujer ofrece a la vida de todas las sociedades y naciones. Es una aportación, ante todo, de naturaleza espiritual y cultural, pero también socio-política y económica. ¡Es mucho verdaderamente lo que deben a la aportación de la mujer los diversos sectores de la sociedad, los Estados las culturas nacionales y, en definitiva, el progreso de todo el genero humano!

9. Normalmente el progreso se valora según categorías científicas y técnicas, y también desde este punto de vista no falta la aportación de la mujer. Sin embargo, no es ésta la única dimensión del progreso, es más, ni siquiera es la principal. Más importante es la dimensión ética y social, que afecta a las relaciones humanas y a los valores del espíritu: en esta dimensión, desarrollada a menudo sin clamor, a partir de las relaciones cotidianas entre las personas, especialmente dentro de la familia, la sociedad es en gran parte deudora precisamente al « genio de la mujer ».

A este respecto, quiero manifestar una particular gratitud a las mujeres comprometidas en los más diversos sectores de la actividad educativa, fuera de la familia: asilos, escuelas, universidades, instituciones asistenciales, parroquias, asociaciones y movimientos. Donde se da la exigencia de un trabajo formativo se puede constatar la inmensa disponibilidad de las mujeres a dedicarse a las relaciones humanas, especialmente en favor de los débiles e indefensos. En este cometido manifiestan una forma de maternidad afectiva, cultural y espiritual, de un valor verdaderamente inestimable, por la influencia que tiene en el desarrollo de la persona y en el futuro de la sociedad. ¿Cómo no recordar aquí el testimonio de tantas mujeres católicas y de tantas Congregaciones religiosas femeninas que, en los diversos continentes, han hecho de la educación, especialmente de los niños y de las niñas, su principal servicio? ¿Cómo no mirar con gratitud a todas las mujeres que han trabajado y siguen trabajando en el campo de la salud, no s6lo en el ámbito de las instituciones sanitarias mejor organizadas, sino a menudo en circunstancias muy precarias, en los Países más pobres del mundo, dando un testimonio de disponibilidad que a veces roza el martirio?

10. Deseo pues, queridas hermanas, que se reflexione con mucha atención sobre el tema del « genio de la mujer », no sólo para reconocer los caracteres que en el mismo hay de un preciso proyecto de Dios que ha de ser acogido y respetado, sino también para darle un mayor espacio en el conjunto de la vida social así como en la eclesial. Precisamente sobre este tema, ya tratado con ocasión del Año Mariano, tuve oportunidad de ocuparme ampliamente en la citada Carta apostólica Mulieris dignitatem, publicada en 1988. Este año, además, con ocasión del Jueves Santo, a la tradicional Carta que envío a los sacerdotes he querido agregar idealmente la Mulieris dignitatem, invitándoles a reflexionar sobre el significativo papel que la mujer tiene en sus vidas como madre, como hermana y como colaboradora en las obras apostólicas. Es ésta otra dimensión, diversa de la conyugal, pero asimismo importante- de aquella « ayuda » que la mujer, según el Génesis, está llamada a ofrecer al hombre.

La Iglesia ve en María la máxima expresión del « genio femenino » y encuentra en ella una fuente de continua inspiración. María se ha autodefinido « esclava del Señor » (Lc 1, 38). Por su obediencia a la Palabra de Dios Ella ha acogido su vocación privilegiada, nada fácil, de esposa y de madre en la familia de Nazaret. Poniéndose al servicio de Dios, ha estado también al servicio de los hombres: un servicio de amor. Precisamente este servicio le ha permitido realizar en su vida la experiencia de un misterioso, pero auténtico « reinar ». No es por casualidad que se la invoca como « Reina del cielo y de la tierra ». Con este título a invoca toda la comunidad de los creyentes, la invocan como « Reina » muchos pueblos y naciones. ¡Su « reinar » es servir! ¡Su servir es « reinar »!

De este modo debería entenderse la autoridad, tanto en la familia como en la sociedad y en la Iglesia. El « reinar » es la revelación de la vocación fundamental del ser humano, creado a « imagen » de Aquel que es el Señor del cielo y de la tierra, llamado a ser en Cristo su hijo adoptivo. El hombre es la única criatura sobre la tierra que « Dios ha amado por sí misma », como enseña el Concilio Vaticano 11, el cual añade significativamente que el hombre « no puede encontrarse plenamente a sí mismo sino en la entrega sincera de sí mismo » (Gaudium et spes, 24).

En esto consiste el « reinar » materno de María, Siendo, con todo su ser, un don para el Hijo, es un don también para los hijos e hijas de todo el género humano, suscitando profunda confianza en quien se dirige a Ella para ser guiado por los difíciles caminos de la vida al propio y definitivo destino trascendente. A esta meta final llega cada tino a través de las etapas de la propia vocación)n, una meta que orienta el compromiso en el tiempo tanto del hombre como de la mujer.

11. En este horizonte de « servicio » - que, sí se realiza con libertad, reciprocidad y amor, expresa la verdadera « realeza » del ser humano es posible acoger también, sin desventajas para la mujer, una cierta diversidad de papeles, en la medida en que tal diversidad no es fruto de imposición arbitraria, sino que mana del carácter peculiar del ser masculino y femenino. Es un tema que tiene su aplicación específica incluso dentro de la Iglesia. Si Cristo -con una elección libre y soberana, atestiguada por el Evangelio y la constante tradición eclesial - ha confiado solamente a los varones la tarea de ser « icono » de su rostro de « pastor » y de « esposo » de la Iglesia a través del ejercicio del sacerdocio ministerial, esto no quita nada al papel de la mujer, así como al de los demás miembros de la Iglesia que no han recibido el orden sagrado, siendo por lo demás todos igualmente dotados de la dignidad propia del « sacerdocio común », fundamentado en el Bautismo. En efecto, estas distinciones de papel no deben interpretarse a la luz de los cánones de funcionamiento propios de las sociedades humanas, sino con los criterios específicos de la economía sacramental, o sea, la economía de « signos » elegidos libremente por Dios para hacerse presente en medio de los, hombres.

Por otra parte, precisamente en la línea de esta economía de signos, incluso fuera del ámbito sacramental, hay que tener en cuenta la « femineidad » vivida según el modelo sublime de María. En efecto, en la « femineidad » de la mujer creyente, y particularmente en el de la « consagrada », se da una especie de « profecía » inmanente (cf. Mulieris dignitatem, 29), un simbolismo muy evocador, podría decirse un fecundo « carácter de icono », que se realiza plenamente en María y expresa muy bien el ser mismo de la Iglesia como comunidad consagrada totalmente con corazón « Virgen », para ser « esposa » de Cristo y « madre » de los creyentes. En esta perspectiva de complementariedad « icónica » de los papeles masculino y femenino se ponen mejor de relieve las dos dimensiones imprescindibles de la Iglesia: el principio « mariano » y el « apostólico-petrino » (cf. ibid., 27).

Por otra parte -lo recordaba a los sacerdotes en la citada Carta del jueves Santo de este año el sacerdocio ministerial, en el plan de Cristo « no es expresión de dominio, sino de servicio » (n. 7). Es deber urgente de la Iglesia, en su renovación diaria a la luz de la Palabra de Dios, evidenciar esto cada vez más, tanto en el desarrollo del espíritu de comunión y en la atenta promoción de todos los medios típicamente eclesiales de participación, como a través del respeto y valoración de los innumerables carismas personales y comunitarios que el Espíritu de Dios suscita para la edificación de la comunidad cristiana y el servicio a los hombres.

En este amplío ámbito de servicio, la historia de la Iglesia en estos dos milenios, a pesar de tantos condicionamientos, ha conocido verdaderamente el « genio de la mujer », habiendo visto surgir en su seno mujeres de gran talla que han dejado amplia y beneficiosa huella de sí mismas en el tiempo. Pienso en la larga serie de mártires, de santas, de místicas insignes. Pienso de modo especial en santa Catalina de Siena y en santa Teresa de Jesús, a las que el Papa Pablo VI concedió el título de Doctoras de la Iglesia. Y ¿cómo no recordar además a tantas mujeres que, movidas por la fe, han emprendido Iniciativas de extraordinaria Importancia social especialmente al servicio de los más pobres? En el futuro de la Iglesia en el tercer milenio no dejarán de darse ciertamente nuevas y admirables manifestaciones del « genio femenino ».

12. Vosotras veis, pues, queridas hermanas, cuántos motivos tiene la Iglesia para desear que, en la próxima Conferencia, promovida por las Naciones Unidas en Pekín, se clarifique la plena verdad sobre la mujer. Que se dé verdaderamente su debido relieve al « genio de la mujer », teniendo en cuenta no sólo a las mujeres importantes y famosas del pasado o las contemporáneas, sino también a las sencillas, que expresan su talento femenino en el servicio de los demás en lo ordinario de cada día. En efecto, es dándose a los otros en la vida diaria como la mujer descubre la vocación profunda de su vida; ella que quizá más aún que el hombre ve al hombre, porque lo ve con el corazón. Lo ve independientemente de los diversos sistemas ideológicos y políticos. Lo ve en su grandeza y en sus límites, y trata de acercarse a él y serle de ayuda, De este modo, se realiza en la historia de la humanidad el plan fundamental del Creador e incesantemente viene a la luz, en la variedad de vocaciones, la belleza - no solamente física, sino sobre todo espiritual - con que Dios ha dotado desde el principio a la criatura humana y especialmente a la mujer.

Mientras confío al Señor en la oración el buen resaltado de la Importante reunión de Pekín, invito a las comunidades eclesiales a hacer del presente año una ocasión para una sentida acción de gracias al Creador y al Redentor del mundo precisamente por el don de un bien tan grande como es el de la femineidad: ésta, en sus múltiples expresiones, pertenece al patrimonio constitutivo de la humanidad y de la misma Iglesia.

Que María, Reina del amor, vele sobre las mujeres y sobre su misión al servicio de la humanidad, de la paz y de la extensión del Reino de Dios.

Vaticano, 29 de junio, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, del año 1995.


Juan Pablo II


viernes, 27 de febrero de 2009

El bautismo en el Espíritu Santo - Juan Pablo II



El bautismo en el Espíritu Santo
Juan Pablo II
6 Septiembre 1989


1. Cuando la Iglesia, brotada del sacrificio de la cruz, comenzó su camino en el mundo por obra del Espíritu Santo, que bajó al Cenáculo el día de Pentecostés, tuvo inicio "su tiempo", "el tiempo de la Iglesia" como colaboradora del Espíritu en la misión de hacer fructificar la redención de Cristo en la humanidad, de generación en generación.
Precisamente en esta misión y colaboración con el Espíritu se realiza "la sacramentalidad" que le atribuye el Concilio Vaticano II cuando enseña que " La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea, signo e instrumento de la unión intima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (Lumen Gentium 1). Esta "sacramentalidad " tiene un significado profundo en relación con el misterio de Pentecostés, que da a la Iglesia el vigor y los carismas para operar visiblemente en toda la familia humana.
2. En esta catequesis queremos considerar principalmente la relación entre Pentecostés y el sacramento del bautismo. Sabemos que la venida del Espíritu Santo fue anunciada en el Jordán junto con la venida de Cristo. Fue Juan Bautista quien asoció las dos venidas, e incluso mostró su intima conexión, hablando de "bautismo " El os bautizará con Espíritu Santo" (Mc 1, 8); "El os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mt 3, 11). Este vinculo entre el Espíritu Santo y el fuego se ha de colocar en el contexto del lenguaje bíblico, que ya en el Antiguo Testamento presentaba el fuego como el medio usado por Dios para purificar las conciencias (Cfr. Is 1, 25; 6, 5-7; Za 13, 9; Mal 3, 2-3; Sir 2, 5, etc.). A su vez el bautismo, que se practicaba en el judaísmo y en otras religiones antiguas, era una inmersión ritual, con la que se quería significar una purificación renovadora. Juan Bautista había adoptado esta práctica del bautismo en el agua, aun subrayando que su valor no era sólo ritual sino también moral, puesto que era "para la conversión" (Cfr. Mt 3, 2.6.8.11; Lc 3,10-14). Además, ese bautismo constituía una especie de iniciación, mediante la cual aquellos que lo recibían se convertían en discípulos del Bautista y constituían en torno a él y con él una cierta comunidad caracterizada por la espera escatológica del Mesías (Cfr. Mt 3, 2.11; Jn 1, 19)34). Sin embargo, se trataba de un bautismo de agua; es decir, no tenía un poder de purificación sacramental. Tal poder sería propio del bautismo de fuego (elemento en sí mucho más poderoso que el agua) traído por el Mesías. Juan proclamaba la función preparatoria y simbólica de su bautismo en relación con el Mesías, que debía. bautizar "en Espíritu Santo y fuego" (Mt 3, 11; cfr. 3.7.10.12; Jn 1, 33). Y añadía que si con el fuego del Espíritu el Mesías iba a purificar a fondo a los hombres bien dispuestos, recogidos como "trigo en el granero", sin embargo, quemaría "la paja con fuego que no se apaga", como el "fuego de la gehenna" (Cfr. Mt 18, 8-9), símbolo de la consumación a la que está destinado todo lo que no se ha dejado purificar (Cfr. Is 66, 24; Jdt 16, 17; Sir 7, 17; Sof 1, 18; Sal 21, 10, etc.).
3. Mientras está desarrollando su función profética y prefiguradora en la línea del simbolismo del Antiguo Testamento, el Bautista un día se encuentra con Jesús en las aguas del Jordán. Reconoce en El al Mesías, del que proclama que es "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29) y, por petición suya, lo bautiza (Cfr. Mt 3, 14-15); pero, al mismo tiempo, da testimonio de su mesianidad, de la que se profesa un simple anunciador y precursor (Cfr. Jn 1, 30-31). Este testimonio de Juan está constituido por la comunicación que él mismo hace a sus discípulos y oyentes acerca de la experiencia que tuvo él en esa circunstancia, y que tal vez le hizo recordar la narración del Génesis sobre la conclusión del diluvio (Cfr. Gen 8, 10": "He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo" (Jn 1, 32-33; cfr. Mt 3, 16; Mc 1, 8; Lc 3, 22).
"Bautizar en Espíritu Santo" significa regenerar la humanidad con el poder del Espíritu de Dios; es lo que hace el Mesías, sobre el que, como había predicho Isaías (11, 2; 42, 1), reposa el Espíritu colmando su humanidad de valor divino a partir de la Encarnación hasta la plenitud de la resurrección tras la muerte en la cruz (Cfr. Jn 7, 39; 14, 26; 16, 7.8; 20, 22; Lc 24, 49). Adquirida esta plenitud, el Mesías Jesús puede dar el nuevo bautismo en el Espíritu del que está lleno (Cfr. Jn 1, 33; Hech 1, 5). De su humanidad glorificada, como de un manantial de agua viva, el Espíritu se difundirá por el mundo (Cfr. Jn 7, 37-39; 19, 34; cfr. Rom 5, 5). Este es el anuncio que hace el Bautista al dar testimonio de Cristo con ocasión del bautismo, en el que se funden los símbolos del agua y del fuego, expresando el misterio de la nueva energía vivificadora que el Mesías y el Espíritu han derramado en el mundo.
4. También Jesús, durante su ministerio, habla de su pasión y muerte como un bautismo que El mismo debe recibir: un bautismo, porque deberá sumergirse totalmente en el sufrimiento, simbolizado también por el cáliz que ha de beber (Cfr. Mc 10, 38; 14, 36); pero un bautismo vinculado por Jesús con el otro símbolo del fuego, que El vino a traer a la tierra (Lc 12, 49-50): fuego, en el que es bastante fácil entrever al Espíritu Santo que colma" su humanidad y que un día, después del incendio de la cruz, se extenderá por el mundo como propagación del bautismo de fuego, que Jesús desea tan intensamente recibir, que se encuentra angustiado hasta que se haya realizado en él (Cfr. Lc 1 2, 50).
5. Escribí en la Encíclica Dominum et Vivificantem: "En el Antiguo Testamento se habla varias veces del "fuego del cielo", que quemaba los sacrificios presentados por los hombres. Por analogía se puede decir que el Espíritu Santo es el "fuego del cielo" que actúa en lo más profundo del misterio de la cruz... Como amor y don, desciende, en cierto modo, al centro mismo del sacrificio que se ofrece en la cruz. Refiriéndonos a la Tradición bíblica podemos decir: El consuma este sacrificio con el fuego del amor, que une al Hijo con el Padre en la comunión trinitaria. Y dado que el sacrificio de la cruz es un acto propio de Cristo, también en este sacrificio El "recibe" el Espíritu Santo. Lo recibe de tal manera que después (El solo con Dios Padre) puede "darlo" a los Apóstoles, a la Iglesia, y a la humanidad. El solo lo "envía" desde el Padre. El solo se presenta ante los Apóstoles reunidos en el Cenáculo, "sopla sobre ellos" y les dice: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados" (Jn 20, 23)" (n. 41).
6. Así encuentra su realización el anuncio mesiánico de Juan en el Jordán: "El os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mt 3, 11; cfr. Lc 3, 16). Aquí encuentra también su realización el simbolismo bíblico, con el que Dios mismo se manifestó como la columna de fuego que guiaba a su pueblo a través del desierto (Cfr. Ex 13, 21-22), como palabra de fuego por la que "la montaña (del Sinaí) ardía en llamas hasta el mismo cielo" (Dt 4, 11), como luz en el fuego (Is 10, 17), como fuego de ardiente gloria en el amor a Israel (Cfr. Dt 4, 24). Encuentra realización lo que Cristo mismo prometió cuando dijo que había venido a encender el fuego sobre la tierra (Cfr. Lc 12, 49), mientras el Apocalipsis dirá de él que sus ojos son como llama de fuego (Cfr. Ap 1, 14; 2, 18; 19, 12). Se explica así que el Espíritu Santo sea enviado en el fuego (Cfr. Hech 2, 3). Todo esto sucede en el misterio pascual, cuando Cristo en el sacrificio de la cruz recibe el bautismo con el que El mismo debía ser bautizado (Cfr. Mc 10, 38) y en el misterio de Pentecostés, cuando Cristo resucitado y glorificado comunica su Espíritu a los Apóstoles y a la Iglesia.
Por aquel "bautismo de fuego" recibido en su sacrificio, según San Pablo, Cristo en su resurrección se convirtió, como "último Adán", en "espíritu que da vida" (1 Cor 15, 45). Por esto, Cristo resucitado anuncia a los Apóstoles: "Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días" (Hech 1, 5). Por obra del "último Adán", Cristo, será dado a los Apóstoles y a la Iglesia "el Espíritu que da vida" (Jn 6, 63).
7. El día de Pentecostés se da la revelación de este bautismo: el bautismo nuevo y definitivo, que obra la purificación y la santificación para una vida nueva; el bautismo en virtud del cual nace la Iglesia en la perspectiva escatológica que se extiende "hasta el fin del mundo" (Cfr. Mt 28, 20): no sólo la "Iglesia de Jerusalén", de los Apóstoles y de los discípulos inmediatos del Señor, sino la Iglesia "entera" tomada en su universalidad, que se realiza a través de los tiempos y los lugares de su arraigo terreno.
Las lenguas de fuego que acompañan el acontecimiento de Pentecostés en el Cenáculo de Jerusalén, son el signo de aquel fuego que Jesucristo trajo y encendió sobre la tierra (Cfr. Lc 12, 49): el fuego del Espíritu Santo.
8. A la luz de Pentecostés también podemos comprender mejor el significado del bautismo como primer sacramento, en cuanto es obra del Espíritu Santa Jesús mismo había aludido a ello en el coloquio con Nicodemo: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3, 5). En aquel mismo coloquio Jesús alude también a su futura muerte en la cruz (Cfr. Jn 3, 14-15) y a su exaltación celeste (Cfr. Jn 3, 13); es el bautismo del sacrificio, del que el bautismo de agua, el primer sacramento de la Iglesia. recibirá la virtud de obrar el nacimiento por el Espíritu Santo y de abrir a los hombres "la entrada al reino de Dios". En efecto, como escribe San Pablo a los Romanos, "cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte. Fuimos, pues, con Él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva" (Rom 6, 34). Este camino bautismal en la vida nueva tiene inicio el día de Pentecostés en Jerusalén.
9. El Apóstol ilustra más veces el significado del bautismo en sus Cartas (Cfr. 1 Cor 6, 11; Tit 3, 5; 2 Cor 1, 22; Ef 1, 13). El lo concibe como un "baño de peregrinación y de renovación del Espíritu Santo" (Tit 3, 5), heraldo de justificación "en el nombre del Señor Jesucristo" (1 Cor 6, 11; cfr. 2 Cor 1, 22); como un "sello del Espíritu Santo de la Promesa" (Ef 1, 13); como "arras del Espíritu en nuestros corazones" (2 Cor 1, 22). Dada esta presencia del Espíritu Santo en los bautizados, el Apóstol recomendaba a los cristianos de entonces y lo repite también a nosotros hoy: "No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención" (Ef 4, 30).


jueves, 26 de febrero de 2009

La Iglesia, comunidad de carismas - Juan Pablo II


La Iglesia, Comunidad de carismas
Juan Pablo II
24 Junio 1992


1. 'El Espíritu Santo no sólo santifica y dirige al pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y lo adorna con virtudes, sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1 Cor 12, 11) sus dones, con los que los hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia' (Lumen Gentium, 12). Esto es lo que enseña el concilio Vaticano II.

Así, pues, la participación del pueblo de Dios en la misión mesiánica no deriva sólo de la estructura ministerial y de la vida sacramental de la Iglesia. Proviene también de otra fuente, la de los dones espirituales o carismas.

Esta doctrina, recordada por el Concilio, se funda en el Nuevo Testamento y contribuye a mostrar que el desarrollo de la comunidad eclesial no depende únicamente de la institución de los ministerios y de los sacramentos, sino que también es impulsado por imprevisibles y libres dones del Espíritu, que obra también más allá de todos los canales establecidos. A través de estas gracias especiales, resulta manifiesto que el sacerdocio universal de la comunidad eclesial es guiado por el Espíritu con una libertad soberana ('según quiere', dice san Pablo: 1 Cor 12, 11), que a veces asombra.


2. San Pablo describe la variedad y diversidad de los carismas, que es preciso atribuir a la acción del único Espíritu (1 Cor 12, 4).

Cada uno de nosotros recibe múltiples dones, que convienen a su persona y a su misión. Según esta diversidad, nunca existe un camino individual de santidad y de misión que sea idéntico a los demás. El Espíritu Santo manifiesta respeto a toda persona y quiere promover un desarrollo original para cada uno en la vida espiritual y en el testimonio.


3. Con todo, es preciso tener presente que los dones espirituales deben aceptarse no sólo para beneficio personal, sino ante todo para el bien de la Iglesia: 'Que cada cual .escribe san Pedro. ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios (1 Pe 4, 10).

En virtud de estos carismas, la vida de la comunidad está llena de riqueza espiritual y de servicios de todo género. Y la diversidad es necesaria para una riqueza espiritual más amplia: cada uno presta una contribución personal que los demás no ofrecen. La comunidad espiritual vive de la aportación de todos.


4. La diversidad de los carismas es también necesaria para un mejor ordenamiento de toda la vida del cuerpo de Cristo. Lo subraya san Pablo cuando ilustra el objetivo y la utilidad de los dones espirituales: 'Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte' (1 Cor 12, 27).

En el único cuerpo que formamos, cada uno debe desempeñar su propio papel según el carisma recibido. Nadie puede pretender recibir todos los carismas, ni debe envidiar los carismas de los demás. Hay que respetar y valorar el carisma de cada uno en orden al bien del cuerpo entero.


5. Conviene notar que acerca de los carismas, sobre todo en el caso de los carismas extraordinarios, se requiere el discernimiento.

Este discernimiento es concedido por el mismo Espíritu Santo, que guía la inteligencia por el camino de la verdad y de la sabiduría. Pero, dado que Cristo ha puesto a toda la comunidad eclesial bajo la guía de la autoridad eclesiástica, a ésta compete juzgar el valor y la autenticidad de los carismas. Escribe el Concilio: 'Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente, ni hay que esperar de ellos con presunción los frutos del trabajo apostólico. Y, además, el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno (Cfr. 1 Tes 5, 12 y 19.21)' (Lumen Gentium, 12).


6. Se pueden señalar algunos criterios de discernimiento generalmente seguidos tanto por la autoridad eclesiástica como por los maestros y directores espirituales:

a.- La conformidad con la fe de la Iglesia en Jesucristo (Cfr. 12, 3): un don del Espíritu Santo no puede ser contrario a la fe que el mismo Espíritu inspira a toda la Iglesia. 'Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios' (1 Jn 4, 2.3).

b.- La presencia del 'fruto del Espíritu: amor, alegría, paz' (Gal 5, 22). Todo don del Espíritu favorece el progreso del amor, tanto en la misma persona, como en la comunidad; por ello, produce alegría y paz.

c.- Si un carisma provoca turbación y confusión, significa o que no es auténtico o que no es utilizado de forma correcta. Como dice san Pablo: 'Dios no es un Dios de confusión, sino de paz' (1 Cor 1 4, 44)

Sin la caridad, incluso los carismas más extraordinarios carecen de utilidad (1 Cor 13,1)3; Mt 7, 22)23).

d.- La armonía con la autoridad de la iglesia y la aceptación de sus disposiciones. Después de haber fijado reglas muy estrictas para el uso de los carismas en la Iglesia de Corinto, san Pablo dice: 'Si alguien se cree profeta o inspirado por el Espíritu, reconozca en lo que os escribo un mandato del Señor' (1 Cor 14, 37). El auténtico carismático se reconoce por su docilidad sincera hacia los pastores de la Iglesia. Un carisma no puede suscitar la rebelión ni provocar la ruptura de la unidad.

e.- El uso de los carismas en la comunidad eclesial está sometido a una regla sencilla: 'Todo sea para edificación' (1 Cor 14, 26); es decir, los carismas se aceptan en la medida en que aportan una contribución constructiva a la vida de la comunidad, vida de unión con Dios y de comunión fraterna. San Pablo insiste mucho en esta regla (1 Cor 14, 4.5.12.18.19. 26.32).


7. Entre los diversos dones, san Pablo (como ya hemos observado) estimaba mucho el de la profecía, hasta el punto que recomendaba: 'Aspirad también a los dones espirituales, especialmente a la profecía' (1 Cor 14,1). La historia de la Iglesia, y en especial la de los santos, enseña que a menudo el Espíritu Santo inspira palabras proféticas destinadas a promover el desarrollo o la reforma de la vida de la comunidad cristiana. A veces, estas palabras se dirigen en especial a los que ejercen la autoridad, como en el caso de santa Catalina de Siena, que intervino ante el Papa para obtener su regreso de Aviñón a Roma. Son muchos los fieles, y sobre todo los santos y las santas, que han llevado a los Papas y a los demás pastores de la Iglesia la luz y la confortación necesarias para el cumplimiento de su misión, especialmente en momentos difíciles para la Iglesia.


8. Este hecho muestra la posibilidad y la utilidad de la libertad de palabra en la Iglesia: libertad que puede también manifestar se mediante la forma de una crítica constructiva. Lo que importa es que la palabra exprese de verdad una inspiración profética, derivada del Espíritu. Como dice san Pablo, 'donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad' (2 Cor 3, 17). El Espíritu Santo desarrolla en los fieles un comportamiento de sinceridad y de confianza recíproca (Cfr. Ef 4, 25) y los capacita para amonestarse mutuamente (Cfr. Rom 15,14; Col 1,16).

La crítica es útil en la comunidad, que debe reformarse siempre y tratar de corregir sus propias imperfecciones. En muchos casos le ayuda a dar un nuevo paso hacia adelante. Pero, si viene del Espíritu Santo, la crítica no puede menos de estar animada por el deseo de progreso en la verdad y en la caridad. No puede hacerse con amargura; no puede traducirse en ofensas, en actos o juicios que vayan en perjuicio del honor de personas o grupos. Debe estar llena de respeto y afecto fraterno y filial, evitando el recurso a formas inoportunas de publicidad; y debe atenerse a las indicaciones dadas por el Señor para la corrección fraterna (Cfr. Mt 18,15.16).


9. Si ésta es la línea de la libertad de palabra, se puede decir que no existe oposición entre carisma e institución, puesto que es el único Espíritu quien con diversos carismas anima a la Iglesia. Los dones espirituales sirven también en el ejercicio de los ministerios. Esos dones son concedidos por el Espíritu para contribuir a la extensión del reino de Dios. En este sentido, se puede decir que la Iglesia es una comunidad de carismas.


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