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miércoles, 19 de enero de 2011

La gracia amarga del hermano Cortés: progresismo eclesial - Luis Fernando Pérez Bustamante

La gracia amarga del hermano Cortés: progresismo eclesial
Luis Fernando Pérez Bustamante


Empiezo por reconocer que Religión Digital se apuntó un gran tanto cuando fichó a José Luis Cortés, que se ha convertido en el viñetista de referencia de dicho portal religioso. Y en comunión plena con su línea editorial.

No estamos ante un hombre que empiece en esto del “humor". No hay más que leer el perfil que él da de sí mismo:

Nací en Málaga, y tenía 17 años cuando comenzó el Concilio Vaticano II. Mis estudios con la Congregación Salesiana me llevaron primero a Puerto Rico, luego a la República Dominicana y, finalmente, a Italia. Sin embargo, la ordenación sacerdotal la recibí como sacerdote secular, y durante unos años ejercí el ministerio en la parroquia de San Atanasio, en el barrio de Tetuán, de Madrid.

En 1981 empecé a trabajar en un gran grupo editorial, en el que desarrollé distintas responsabilidades, y con el cual también tuve ocasión de trabajar con una compañía francesa y, más tarde, durante seis años, viviendo en Italia. En este grupo me acabo de jubilar, el 17 de octubre.

Mis primeros dibujos se publicaron en la revista “Vida Nueva” en 1975, y de 1976 data mi primer libro de cómics, “¡Qué bueno que viniste!”, al que han seguido otros cuantos hasta el último, “Pablo, el de los pueblos”.

No me queda claro si Cortés abandonó el sacerdocio o si lo sigue ejerciendo. En todo caso se le conoce sobre todo por sus cómics. Y el que no le conociera, lo puede hacer ahora leyéndole en RD.

Es evidente que el “hermano Cortés” tiene talento. Sus mensajes son directos, agudos, penetrantes, explícitos, contundentes. Su problema, aunque no tengo nada claro que él lo vea como problema, es que su amargura contra la Iglesia y la fe católica sobrepasa con creces su talento. Representa a la perfección el tipo de creyente “progre” que no puede evitar sentirse incomodísimo en la Iglesia Católica. Valgan como ejemplo estas dos viñetas:




Podría poner muchos más ejemplos, pero con esos dos basta. Quien es capaz de dibujar y escribir eso demuestra que desprecia miserablemente a la Iglesia de la que se supone que forma parte. Eso sí, consigue el aplauso de los que, como él, quieren otra Iglesia. Y añado que tienen derecho a querer otra iglesia. Lo que no tiene sentido es que permanezcan en la nuestra. Es decir, en la Iglesia del Papa, de los obispos y sacerdotes en comunión con él, de la totalidad de los concilios, del Credo, del Catecismo, de los religiosos que no han traicionado su carisma, de los católicos fieles al Magisterio, etc.


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